¿Es realmente equitativo el intercambio de servicios entre asalariados y empresarios? .Yo diría rotundamente que no, y no me estoy refiriendo a las consabidas plusvalías que el empresario extrae del trabajo asalariado. Estoy pensando en esa deuda psicológica, inacabable, insaciable e insaldable que el asalariado contrae para con su empresa que le escogió entre los millones de parados. Esa obligación de agradar en todo al que te paga. En llevar con orgullo el logo empresarial en tu gorra o camiseta para jugar a baloncesto o para cortar el césped de tu casa apareada. En mirar con desprecio al de la competencia, sobre todo si la tiene más pequeña, (la cuenta de resultados). Y cuanto mayor es el grado de responsabilidad, mayor es la simbiosis.
Nos molestan los jodidos sindicalistas, tanto o más que los empresarios cuando militábamos y éramos unos auténticos pringados. La ofuscación nos lleva a actuar como auténticos mamporreros sin escrúpulo alguno y defendemos con el corazón, como no haríamos con nuestros hijos, el buen nombre de la empresa. ¿Acaso no maldecimos a nuestros amigos cuando han osado en ofenderla?
Pero el empresario no siempre está a la altura de las circunstancias. Un día puede prescindir de tus servicios y comprenderá tu decepción, eso sí, no antes de hacerte ver lo grandilocuente que ha sido tu tarea, lo inmensamente importante de tu trabajo para con la organización, etc.
No debes tomártelo a la brava, siempre puedes cambiarte de gorra o camiseta o simplemente ponerte una Adidas o una Nike.
Es cierto que todo aquello que ahora amamos, nuestro coche, televisor de plasma, nuestro portátil, la champions en pagar por ver, todo lo que realmente importa hoy día se lo debemos a la empresa. Pero, ¿de verdad compensa esta proximidad emocional?. ¿Se puede progresar en el organigrama con distancia? ¿Es necesario el compromiso al modo del cerdo que se sacrifica para ofrecernos bacon o basta con el del huevo de la gallina? ¿Nos compensan los filantro-capitalistas estilos Bill Gates y sus fundaciones altruistas?
Espero vuestras opiniones al respecto. No pretendo un debate en profundidad. Basta con que expreséis aquello que os motive. No juzgamos a nadie, ni examinamos, ni pretendemos convencer de nada a nadie.
Recordad a Neruda:
Si pudiera volver a vivir nuevamente la vida…
En la próxima trataría de cometer más errores,
no intentaría ser tan perfecto, me relajaría más,
sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Salud
Dijous, 17 Abril 2008 at 22:11
Interesante reflexión, la verdad. Personalmente me he visto reflejado en bastantes etapas de mi vida laboral aunque pienso que esta logo-dependencia, o sumisión a la marca, la he entendido y potenciado siempre en beneficio propio. Es el mecanismo que tenemos para mantener nuestro orgullo, es un instrumento que utilizamos simplemente para mantenernos en el estatus social que creemos merecer y que no dudamos, también nosotros, en traicionarla cuando ofertas más interesantes económicamente o provenientes de ‘marcas’ más valoradas nos tientan. Nos usamos mutuamente mientras nos necesitamos pero no dudamos en prescindirnos cuando el desamor es insalvable. Hoy, curiosamente, la empresa en la que trabajo es la mejor, mañana, probablemente cuando no esté, la consideraré la peor de entre las que he estado.
Diumenge, 20 Abril 2008 at 11:26
Yo creo que una cierta vinculación emocional con la empresa en la que uno trabaja, que te ayude a ‘disfrutar’, o al menos a no estar cabreado las 40(?) horas de jornada laboral es positiva. Si pongo un símil, a mi siempre me han cabreado los futbolistas que ya sentían los colores desde pequeños en cuanto les ficha un club grande, pero del mismo modo, les exijo esfuerzarse al máximo por quien les paga, y no me refiero al empresario (Laporta?) sino a los accionistas (es decir a los socis i simpatisants).
Esto me lleva a la segunda reflexión, la figura del empresario está bien para empresas familiares o decimonónicas, pero en empresas multinacionales como las que creo reconocer en el fondo del artículo, porque son las que tienen más gorras y camisetas, la discusión se centra entre beneficios al empleado o al accionista. Los directivos o el consejo de administración son sólo un parte más de esta lucha de poderes e influencias, e incluso en muchas multinacionales se intenta limitar el poder de los directivos/empleados porque se piensa que puede ser que beneficien menos a los accionistas que los puros ‘profesionales’ de los consejos de administración. Yo creo que esta complejidad nos ayuda a entender que la empresa no es nuestra y que no hay un empresario/padre que nos vaya a proteger o a fastidiar, simplementemos somos instrumentos de un puzzle más complejo, pero yo sigo teniendo camisetas y gorras, hasta que me cambie de empresa.
Finalmente, que pensais que deberian hacer los empleados de otro tipo de empresas, las públicas: deben sudar la camiseta también para favorecer a los accionistas/socios que les pagan, es decir los ciudadanos? O mejor trabajan lo mínimo posible para así fastidiar al empresario/alcalde/presidente…?
Diumenge, 20 Abril 2008 at 12:20
Yo estoy en un sector, donde, desde siempre la camiseta del vecino (competencia), siempre es más bonita, i viceversa, por supuesto con excepciones como la de la estrella.
Eso no quiere decir que no defendamos nuestro nombre y hasta cierto punto creo que se debe tener una proximidad emocional, tanto para soportar las 40 horas como bien dice Toni, como para que tu dignidad como profesional nunca se pueda ver menospreciada o puesta entredicho.
Miguel nos habla del sacrificio del cerdo, yo creo que para poder desayunar uno tiene que poner el bacon y el otro los huevos, sino el desayuno queda a medias, lo peor es que las partes nunca suelen ser equitativas, y así, al final siempre es el trabajador quien aporta la mayor parte, pero a pesar de todo la gorra bien puesta, que sin gorra no somos nadie.
La reflexión que nos hace Toni, sobre las empresas publicas, para mi no hay el menor tipo de duda, la camiseta se suda o ha de sudar para los ciudadanos y no hay excusas posibles.
Dilluns, 21 Abril 2008 at 22:29
Como trabajadora de la calle que soy, vendedora , mis relaciones laborales me han llevado a la promiscuidad. Cuando empezaba mi trayectoria profesional, mi relación con la empresa se basaba en el enamoramiento hacia el logotipo hasta que un fuerte desengaño sentimental me llevo a plantarme el tipo de relación laboral que debía establecer para salir indemne, debía ser fría y calculadora, las empresas tenía que ser como kleenex, usar y ni siquiera reciclar.
Todos me alertaban del gran riesgo que corría, que los años pasaban que ya era hora de tatuarme a sangre y fuego la insignia de una empresa o en pocos años mi cotización iría a la baja.
He ido picando de logo en logo jurando amor eterno pero sin comprometerme por mucho tiempo, intentando exprimir lo mejor de cada nueva aventura, si ataduras y con ilusión por las posibilidades que tenia ante mi de establecer nuevos contactos, de empezar de cero y volver a iniciar nuevas relaciones.
El tiempo me ha dado la razón. Cada servicio prestado me lo pagan mejor , cada día que pasa me siento más sabia, entendiendo por sabia experta, me siento más libre, esa libertad me la da la capacidad de volver a enamorarme cada vez que quiera y así sentir ese absurdo cosquilleo en la barriga.
Refrescar la memoria, tan sólo han trancurrido 40 años desde el mayo del 68, creo que ya ha llegado la hora de que empecéis a ser promíscuos.
Vive l’amour libre !!!
Dilluns, 21 Abril 2008 at 23:14
Creo que no debe confudirse la profesionalidad con la dependencia emocional. Se puede llevar a cabo un trabajo excepcional sin estar enamorado del logo. No tacharía de mala profesional a una puta que no se enamorase del que le paga . Sé que el ejemplo aunque ilustrativo, es un tanto exagerado, pero las relaciones laborales no distan mucho. Te pagan por servicio prestado y se premia al que despacha al cliente más contento y rápido. Esta es la conclusión a la que he llegado tras finalizar mi nuevo master de Coaching en la función pública : Aprende a ser lider y alcanza tus objetivos, aunque no coincidan con los de la empresa.
Evidentemente los funcionarios estamos para calentar la silla y las nuevas técnicas empresariales nos alientan al trabajo y al servicio público. Veo la emoción que les provoca a mis compañeros y a mí mismo cuando nos ponemos el Oh Santfeliu impreso en nuestras camisetas..
Estoy de acuerdo con Miriam en lo básico de su argumentación, aunque me preocupa un poco su entusiamo por la infedeilidad.
Gracias por vuestros comentarios. Siempre son alentadores y siempre aprendo algo.
Salud,