Marisa Madieri – Verde agua

M’agrada passejar per les llibreries i remenar buscant llibres que tinc a la ment llegir-los. Però hi ha vegades que els llibres em busquen a mi, no sé ben bé perquè em deixo seduir per ells.

És una aposta arriscada perquè no conec l’autor ni tinc cap referència del llibre, només em guia l’instint. Això és el que m’ha passat amb aquest llibre i he trobat una petita joia. No és un llibre de poesia, però té una narració tota ella tan poètica que m’ha fet decidir a presentar-vos uns capítols d’aquesta obra escrita en forma de diari.

L’autora, Marisa Madieri, el llibre, Verde agua.

El fil conductor d’aquesta narració-diari és el èxode dels italians de Fiume, ciutat que en 1947 va passar a Croàcia, dins de l’antiga Iugoslàvia. En el llibre l’autora recorda els episodis que van marcar la seva infantesa i adolescència, les persones amb les que va créixer i l’ambient del Silos de Triestre, on va viure, junt amb altres refugiats i exiliats, fins que va ser gran.

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Pots escoltar la música mentre llegeixes…

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15 de diciembre de 1983

….En las noches de invierno, el trozo de cielo que se recorta al fondo de la calle Catraro se tiñe, durante la puesta de sol, de púrpura, y cuanto más frío y terso es el aire, más se enciende el rojo y refulge como un rubí. Cuando el incendio va atenuándose y adquiriendo colores violeta, aparece, con un pequeño estremecimiento, la primera estrella, justo encima de una rama de acacia que se alarga, negra y delgada, hasta el camino del jardín que conduce a mi casa.
….Esa pequeña estrella me trae la noche, a la que no quiero. Me apresuro entonces a bajar las persianas y a cerrar las cortinas, como para alejar de mi vida la oscuridad y el frío que tanto me afligieron durante los años de adolescencia.
….Pero hoy he vacilado un poco antes de excluir a mi estrella del marco de la ventana, como si, con un temblor nuevo, reclamase mi atención fraternal para revelarme el secreto de un infinito cansancio de espacios y de soledad.

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10 de mayo de 1984

….Hacia el final del segundo curso de bachillerato tuve ocasión de participar en alguna celebración en casa de mis compañeras. La primera vez me invitó mi compañera de pupitre, Marina, con la que estudiaba a menudo. Era hija de un magistrado y vivía en una casa que a mí me parecía un palacio. En el vestíbulo había espacio hasta para una mesa de ping-pong. Marina era una chica sencilla y generosa, que no me hacía sentir incómoda por la disparidad de nuestras condiciones económicas.
….Sentí, en aquella ocasión, una alegría confusa, una gran turbación y el deseo de rechazar la invitación. A la timidez se unía la vergüenza de no tener nada adecuado que ponerme. Yo sabía que todas las chicas tenían vestidos elegantes y vaporosos para las fiestas. Hablaban de ello en clase, describían la fantasía, el tejido, la hechura.
….Mi madre me leyó el pensamiento. Llevó al Monte de Piedad, como había hecho otras veces, su brazalete de metal blanco y amarillo, después de haberlo lustrado a conciencia con un paño para que brillara, y su abrigo de piel, probablemente de conejo, muy gastado. Esto le permitió comprarme una falda acampanada y un conjunto formado por una rebeca y un jersey de cuello redondo, de orlón color verde Nilo. Guardé aquel conjunto durante años, con celo, a pesar de que el tejido de fibra sintética, con los lavados, se volvió cada ves más largo y más ancho, hasta deformarse del todo.
….También verde agua se llamaba aquel color, que para mí es aún hoy el color del amor.

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Marisa Madieri (Fiume 1938 – Trieste 1996)
Verde agua – Editorial Minúscula, S.L. 2000

FRITS THAULOW (1847 – 1906) – Water mill

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