
Londres, una de les grans capitals europees i del món, de la que tant s’ha escrit i parlat. Així doncs, nosaltres farem una pinzellada de les coses que més ens van sorprendre, a més de les magnífiques visites dels punts emblemàtics de la ciutat.
Una primera recomanació es buscar un hotel el més cèntric possible, doncs la ciutat és molt gran, i s’agraeix tenir-lo a prop per descansar en algun moment durant el dia.
Vam triar una setmana de novembre per gaudir dels colors de la tardor. Ja des de l’avió veiem tota una gamma de grocs, verds, vermells i marrons que només aterrar ens va portar a visitar els parcs de la gran ciutat, pulmons de colors, on els ciutadans passegen, van a cavall, en bicicleta, i respiren llibertat. No ens vam perdre el gran Hyde Park, i d’altres més petits com el Green Park, Regents Park, English Garden i els impressionants Kew Gardens a les afores de la ciutat on es troba la major col.lecció de plantes d’hivernacle del món, i que a més de ser un agradable passeig és un delit pels amants de les flors, tot cuidat al pulcre estil anglès.
Un altre de les coses de les que un no pot marxar de Londres sense fer és visitar alguns dels importants museus, punts de referència d’artistes d’ahir i d’avui d’arreu del món. Com que molts d’ells són gratuïts, val la pena esperar-se als dies plujosos, que no són pocs, o a la tarde quan el fred i la foscor predominen, i repetir-los tots els cops que siguin necessaris per acabar-los de veure’ls sense atipar-se de tanta meravella junta. El British Museum, una de les joies de la corona, on es troben peces excepcionals de totes les cultures. La British Gallery, amb importants cartes i manuscrits, d’entre ells ens van cridar l’atenció: la primera bíblia de Guttenberg, i el diari de Scott a l’Antàrtida i el del capità Cook als seus viatges. La Tate Modern Gallery, antiga fàbrica convertida en museu d’art modern, on s’exposen les tendències plàstiques més importants del moment, a més de la important col.lecció permanent d’artistes destacats, a la que s’accedeix per l’encantador Pont del Mil.leni. La National Gallery, una de les grans pinacoteques del món. El Museu d’Història Natural, amb una important col.lecció zoològica, botànica, geològica i de restes de dinosaures, que un no s’ha de perdre.
Fotos: Blanca i Jose / Música: The Beatles / Tema: Here comes the sun
Un altre de les icones de Londres són els seus mercats, els famosos Portobello Market a Notting Hill, Covent Garden, i el menys turístic Borough Market al costat del London Bridge, del 1756 d’origen medieval, on es poden comprar i degustar tot tipus de delicatessens.
I ja per acabar recomanar l’agradable passeig pels marges del Támesis on n’hi ha una fantàstica perspectiva de la ciutat, i consultar la guia d’esdeveniments del moment que sense dubte serà molt atractiva, tant en teatre, música, com d’altres activitats culturals.

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dilluns, 27 desembre 2010 at 14:52
GEOGRAFÍAS FÍSICA Y HUMANA DEL PAISAJE INGLÉS
La naturaleza ha sido la gran musa de pintores y fotógrafos británicos posteriores, me comentaba con acierto el Comisario de la exposición Javier Barón, sobre Turner y los Maestros en el Museo del Prado a mediados del pasado septiembre.
Los cambios estacionales, el paisaje multiverde, la atmósfera destilando humedad permanente, la insinuante y pálida luz; en conjunto estos elementos subyugaron imperiosamente a los pintores del directo del último tercio del siglo XVIII y mediados del XIX; incluyendo a retratistas como Thomas Lawrence o acuarelistas como Thomas Girtin.
Para definir esta corriente de exaltación de la naturaleza, se aplicó en Inglaterra una nueva terminología crítica que sirvió indistintamente tanto para el paisaje natural como para el paisaje pictórico: lo sublime y lo pintoresco.
Ambos términos comportaban una superación del concepto clásico de belleza al hacer descansar nuestro juicio del gusto sobre el sentimiento natural que previamente habían alimentado la filosofía y literatura de la época.
Lo sublime vendría a expresar la atracción del hombre por todo aquello que le sobrepasa o conmueve, hasta la repugnancia o el terror, en razón de su tamaño, su inaccesibilidad o su poder: desde “las cárceles” de los grabados de Piranesi, hasta una tormenta espantosa podrían considerarse sublimes no solo para la óptica del pintor, Diderot también reconoció en los paisajes de Vernet ( 1714-1789) ese sentimiento desolador que solo es capaz de sufrir el hombre de genio, es decir, aquél que no se atiene a las normas convencionales del gusto. Lo pintoresco por su parte, correspondía a los parajes campestres dotados de variedad, irregularidad y rusticidad; lo pintoresco no conmueve, sino que entretiene y acabará confundiéndose con lo romántico como fuente de su origen. Esta pintura de paisaje evolucionaría rápidamente hacia un mayor realismo con John Constable (1776-1837), que sin perder la misma capacidad descriptiva y habilidad para construir masas boscosas, aumentó su prodigiosa capacidad para recrear mayor sensibilidad atmosférica a los lienzos desde su ciudad natal de suffolk.
La percepción de la realidad cambiante de la naturaleza constituyó una auténtica obsesión. La frugalidad y variedad de la realidad natural en sus permanentes cambios, le obligó a un ejercicio constante de anotación al aire libre donde resolvía los problemas de masa, luz, color y atmósfera. “No hay dos días iguales, ni siquiera dos horas, no ha habido nunca un árbol con dos hojas iguales desde el origen del mundo”. Las distintas versiones o soluciones sobre la Catedral de Salisbury (1823) intentaba responder a este viejo y clásico problema ya planteado por Heráclito y Parménides; las variaciones de un mismo tema bajo luces y puntos de vista diferentes.
Por otro lado, J.M. William Turner ( 1775-1851) no renunció nunca a un dramatismo explícito junto al carácter narrativo propio del paisaje. Tempestades, tormentas de nieve, escenarios épicos de naufragios, crepúsculos e incendios se transfiguran en visiones turbulentas de mágica confusión. En realidad recreó “paisajes interiores” sobre una base real paisajística. Ocupó durante 30 años la cátedra de perspectiva de la Academia Real, desarrollando estudios sobre la teoría del color. El acento y carácter nervioso, quebradizo de Turner se fue desplazando desde los temas clásicos y catástrofes naturales hasta su propia visión caótica de la realidad; aunque tanto en Inglaterra como en EE.UU., las conexiones entre paisaje y melodrama pudieron sobrevivir en pintores como John Martín, Washington Allston y Thomas Cole.
A partir de 1750,la crisis del Barroco supone la punta del iceberg de una crisis general de los principios y criterios sobre los que descansaba el siglo XV. Se propagó rápidamente por todo el arte europeo con soluciones equívocas y transitorias donde se entretejen residuos tradicionales, un renovado interés por el clasicismo grecorromano (Rococó-Neoclasicismo) al que Diderot tildó de tortilla de angelotes, inmoral y falsario y el comienzo del Romanticismo.
Las causas de esta crisis fueron de distinta índole, pero no cabe interpretar esta transición como un simple cambio en el gusto, sino más bien, como la expresión de profundas transformaciones económicas, políticas, sociales, filosóficas e históricas conocidas con el nombre de Ilustración y que culminarán con la Revolución Francesa.
Haciendo hoy una extrapolación del concepto de crisis general, Richard Sennett (1943 à ) reflexiona sobre el “capitalismo flexible” y la corrosión del carácter sinónimos de fair play. Doble moral que permite moverse con cierta comodidad histórica entre el puritanismo confesional y la vanguardia transgresora. Como paradoja y constante histórica; haciendo preguntas sencillas pero de indudable dificultad para su respuesta o solución: ¿Cómo decidimos lo que es de valor duradero en nosotros en una sociedad impaciente y centrada en lo inmediato?. ¿Cómo perseguir metas a largo plazo en una economía entregada al corto plazo?. ¿Cómo sostener la lealtad y el compromiso recíproco en instituciones como las públicas, que están en continua desintegración o reorganización?. Estas son las cuestiones básicas relativas al carácter que plantea el “nuevo capitalismo flexible.”
Richard Sennett: La Corrosión del carácter: las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Barcelona: Anagrama, 2000.