Lectures d’estiu (III)

Aunque un poco tarde, recojo el guante lanzado por Mario de hacer propuestas de lecturas para este verano. Bueno, más que recomendar libros de lectura a posteriori, os diré los libros que me gustaría acabar y, en algún caso, empezar este próximo mes de agosto. Especialmente cuando tenga ocasión para ello, porque estas vacaciones para mi serán días de trasiego. Espero que estos libros no sólo se desplacen conmigo, sino que realmente me acompañen, para poder expresaros más tarde, ya en el otoño, una opinión más detallada.  

He escogido diferentes géneros.

El primero es la narrativa, un género estival por excelencia. Este año espero poder recuperar a uno de los grandes novelistas del cambio del siglo XIX al XX, un escritor que no leí cuando aparentemente tocaba, en la adolescencia y primera juventud, cuando los veranos eran eternos y idóneos para devorar literatura rusa, francesa, española y en general anglosajona. Tengo que confesar que nunca leí a Joseph Conrad. Un escritor irremplazable, según nos recordaron machaconamente el año pasado con motivo del 150 aniversario de su nacimiento, por eso tengo cerca un ejemplar de Lord Jim (1900) que, por cierto, no es mío.

También me llevo La Carretera, de Cormac McCarthy; tanto se ha escrito y hablado de las excelencias de este autor, y en concreto de este libro (incluso en toies), que parece casi de obligada lectura. Mario, a la vuelta, escribiré un mensaje a tu post dándote mi punto de vista! Si estar al día de la narrativa actual es una labor difícil para Javier Marías, según nos cuenta en sus artículos desde el País dominical, más lo será para el resto de mortales, como es mi caso. Me gana la necesidad de cultivar otras aficiones i/o obligaciones, y sobre todo una curiosidad inmensa, por esto necesito leer también otro tipo de géneros como el ensayo y la poesía.  

El mes que viene, el 20 de agosto, se cumplen cuarenta años de un hecho que conmovió al mundo. Aquel día las tropas soviéticas entraron en Praga y pusieron fin a su Primavera.  Acabaron con una experiencia embrionaria: el llamado “socialismo de rostro humano”. Diversos autores nos hablan de ella. A manera de muestra citaré, entre ellos, a Miguel Delibes, que la vivió en primera persona; también el fotógrafo Joseph Koudelca, testigo directo a través de su cámara, quien, en palabras propias, nos dice “No te fíes de tu propia memoria, fíate de tus fotos”.

Si bien el Mayo Francés tuvo en su momento una mayor repercusión, a la larga la estela de aquella primavera checa fue mucho más duradera.  Estos días acaba de llegar a mis manos información sobre un libro titulado El principio del fin del mito soviético. Los comunistas occidentales ante la Primavera de Praga.  En esta obra, de Giaime Pala y Tommaso Nencioni, editores y autores del libro, entre otros,  analizan los efectos y consecuencias del fin de aquella “Primavera”. Nos muestran como después de la entrada del ejército soviético ya nada volvería a ser lo mismo. Entonces, en los partidos comunistas de Europa occidental (sobretodo en el PCI, PCF el PCE y el PSUC) prende la semilla irreversible de la desmitificación del modelo soviético y el inicio de la búsqueda de una tercera vía, un proceso cuyo final será la caída del muro de Berlín.  Sobre este ensayo, elaborado desde una óptica marxista, os remito a otras reseñas de la red. También a las palabras del historiador italiano Giaime Pala, uno de los autores del libro, quien afirma que:

“Ergo, si Praga es el inicio del final, Berlín 1989 es la conclusión del largo mito soviético”: los veinte años de interregno entre estos dos acontecimientos son un período contraseñados por dudas, distanciamientos y reformulaciones que sin embargo jamás llegarán al punto de romper, hasta sus últimas consecuencias, con la URSS. Repito, más por un discurso de cara adentro, de cara al significado que podía tener para la militancia de sus afiliados. La invasión de Praga es el inicio del fin de un paradigma, de un relato político, o como diría Pasolini, del “fin de un mundo”. En última instancia no fue sólo la ola postmodernista la causa de la desorientación política de la izquierda comunista, sino también la falta de un discurso alternativo “fuerte” para la izquierda que salía del 89

En estos últimos días de julio mi libro de cabecera es de poesía. El título: “El matrimonio del cielo y del infierno”, del poeta y artista William Blake. La edición bilingüe, dentro de la colección de poesía Hiperión, es espléndida por diversos motivos: por los grabados del propio autor y por una magnífica introducción y traducción de José Luís Palomares.
A partir de este libro es fácil evocar un deseo en forma de frase del propio Blake:

“Ver un mundo en un grano de arena y un cielo en una flor silvestre, tener el infinito en la palma de la mano y la Eternidad en una hora.”

Espero que este deseo, junto con “la fuerza”, nos acompañe!

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