Viaje al Perú: un clásico que no decepciona (1)

Perú es un país lleno de contrastes. De occidente a oriente se suceden paisajes muy diferentes.  Desde la carretera Panamericana que atraviesa el país de norte a sur y enlaza Perú con Ecuador y  Chile, vemos: el desierto que bordea el Pacífico, pequeños oasis en torno a los riachuelos que mueren en el mar, el altiplano y a lo lejos los Andes. Más allá de la cordillera, está la selva de la Amazonía. Las transformaciones del paisaje acompañan al observador hasta cambiarlo. Este verano, durante tres semanas, una sucesión de formas de sentir viajó también con nosotros.

Durante las pasadas vacaciones de finales de agosto y  principios de septiembre, días que ya parecen lejanos, vimos animales tan diferentes, como, por ejemplo, delfines, leones marinos y  pingüinos en las costas;  vicuñas, guanacos y alpacas en el altiplano y la cordillera; y loros, periquitos, monos y caimanes en la selva. Pudimos disfrutar mirando los animales a través de los prismáticos, un placer que descubrí hace pocos años, pero que, según he podido comprobar, es uno de los mejores ejercicios para descansar de uno mismo; objetivo que, al fin y al cabo, se convierte en una necesidad, especialmente durante las vacaciones, pero también en otros muchos momentos de la vida.

Para aquellos a quienes nos gustan también las piedras, Perú las ofrece en mayúsculas. Aquí se  encuentra Cuzco, la antigua capital del Taguantinsuyo, el Imperio inca, y Lima, la capital de uno de los dos virreinatos del Imperio español en América.

Pocos países tienen la biodiversidad y el patrimonio arqueológico y cultural de Perú. En pocos hay una de las siete maravillas del mundo: El Machu Pichu.

El viaje a Perú es un clásico para turistas y viajeros, pero, como en todos los clásicos, detrás hay razones poderosas para visitarlo.

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Perú colonial
Cuando llegamos a Perú intenté seguir la estela de Flora Tristán, una europea que viajó a Perú en los años treinta del siglo XIX. Recordáis que os hablé de ella en heterodox@s 2?  Busqué algunos de los escenarios que describía en Peregrinaciones de una paria. Ella solo conoció Lima y Arquipa, el Perú colonial, y parte de la franja de desierto que hay entre el Pacífico y los Andes. Su viaje tuvo mucho de iniciático, pasó de ser una europea con prejuicios en busca de su herencia familiar, a defender a los proscritos, a los parias del mundo.  Perú tuvo mucho que ver con este proceso.

Al principio de su viaje nos dice: «Los hombres son necesarios a la tierra que habitan, viven de su vida y, formando parte de ese conglomerado, cada un de ellos tiene una misión a la que la Providencia le ha destinado. Sentimos inútiles pesares, estamos sitiados por impotentes deseos por haber desconocido esta misión y nuestra vida se ve atormentada, hasta que al fin volvemos sobre nuestros pasos.»

Parece ser que en Perú Flora volvió sobre sus propios pasos…

Lima: la capital
El viaje lo empezamos y acabamos en Lima, como se acostumbra. Una ciudad hostil con un clima húmedo y poco agradable. En Lima casi nunca llueve de verdad, solo chispea, y no se puede ver el sol durante los meses de julio a septiembre. Nosotros no lo vimos en ningún momento. Esta ciudad inhóspita, poblada por 8.482.619 habitantes, incluyendo toda el área metropolitana, tiene los atractivos propios de la capital de un país: grandes museos nacionales y en general servicios propios de su centralidad. Una de las cosas que más me gusta visitar en las grandes ciudades son sus librerías, porque son el escaparate de lo que es un país. En ellas puedes ver los libros que querrías leer y los personajes a los que te gustaría conocer.

En Lima fuimos a una librería fantástica, en el centro, llamada El Virrey, allí hojeamos muchos libros y compramos alguno. Entre ellos una historia del Tahuantinsuyo (el Imperio inca), obra de María Rostorowski, una historiadora venerada en Perú. Después vi un libro que no compré pero que me gustaría leer en un futuro: La mestiza de Pizarro, de Álvaro Vargas Llosa, hijo de Mario, el conocido escritor peruano. Esta novela con base biográfica, trata de Francisca, la hija de Francisco Pizarro, el conquistador de Perú, e Inés Huaylas, hermana del inca Atahualpa, entregada al conquistador extremeño como trofeo de guerra para el vencedor. El personaje de Francisca me interesó desde que la guía, que nos acompañó en la visita a la capital, nos hablara de ella. Francisca fue una mujer que vivió divida en la encrucijada de dos culturas: la inca y la española.

A la vuelta del viaje no visitamos el centro, esta vez nos quedamos en Miraflores, el barrio del hotel, un barrio residencial donde se alojan la mayoría de turistas. Allí, buscando un lugar para cenar, encontramos una librería especializada en la obra de José Carlos Mariategui. Para mí un total desconocido. No sé por qué intuí que era un  pensador interesante. Compré dos libros, uno sobre su vida, que incluye seis ensayos de pensadores americanos, y otro, considerado su mejor aportación teórica, titulado Siete ensayos de interpretación peruana. Después, leyendo cosas sobre él en internet, he podido comprobar que es, junto con el Che, uno de los marxistas más importantes del continente americano. Incluso ahora es un referente que ejerce una gran influencia en el pensamiento político del país. Sorprende ver cómo nosotros desconocemos a figuras como él. Realmente nuestra cultura tan eurocéntrica es totalmente miope. Si de algo sirven los viajes es para quitarnos las orejeras y recordar que hay vida más allá de nuestro propio ombligo.

Por cierto, los que queráis compartir estos libros conmigo solo tenéis que decírmelo, ya encontraré la manera de hacéroslos llegar.

Continuará la próxima semana …

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