Lord Jim y la inocencia

lordjim1«¡Miren! Yo los envío a ustedes como ovejas en medio de lobos. Sean, pues, astutos como serpientes, aunque también sencillos como palomas».  Mateo 10:16

Muchas veces no se trata de protegerse de los lobos, sino de uno mismo;  pero, también, con los años, sabemos que la inocencia no nos exime de las consecuencias de nuestra acción u omisión. Cuando este verano leí Lord Jim, de Joseph Conrad, a menudo pensé en esta cita bíblica.

lorjim3Poco antes de marchar de vacaciones os dije que leería esta novela, y finalmente lo hice, pero hasta ahora no os he podido hablar de este libro, inmersa, como he estado, en aventuras masónicas. Días después de incluirlo en la lista de «Lectures d’estiu III», con el propósito de leerlo, llegó a mis manos el artículo del dominical del País «Cien escritores en español eligen los 100 libros que cambiaron su vida». Alguno autores, como Maruja Torres y  como Santiago Camboa lo sitúan entre los diez libros que más marcaron su vida. Otros, como Javier Marías, Rosa Montero, Javier Reverte y Pedro Zalarruqui, escogen otro libro del mismo autor: El corazón de las tinieblas. Los dos libros se pueden solicitar en préstamo en la biblioteca Montserrat Roig, de Sant Feliu de Llobregat.

Bajo el formato aparente del relato de un marinero, Conrad nos presenta a Jim:

«Una mañana soleada, en los típicos alrededores de una ensenada oriental, le vi pasar: atractivo, imponente, bajo una nube, en completo silencio.
Y así es como debía ser. Mi cometido era, con toda la comprensión de la que fuera capaz, dar con las palabras perfectas para explicar su existencia. El era uno de los nuestros» (p.14).

lordjim2A menudo los seres humanos tenemos un motor que guía nuestra vida. Muchas veces  esa razón esencial, no es elegida sino que nos es dada por nuestra propia naturaleza. Este impulso primordial puede ser, entre otros, el dinero, el poder, el amor, el conocimiento, la vanidad… Desde ese lugar, en parte, se disponen y organizan el resto de valores, afectos y defectos. En la novela Lord Jim, Joseph Conrad nos habla de un hombre dominado por la épica. Un romántico, un peligroso romántico. En este libro, valorado por algunos como una de las mejores novelas de la literatura universal, su protagonista, Jim, vive un episodio que marcará para siempre su trayectoria. Un hecho que le romperá los esquemas sobre sí mismo y sobre sus aspiraciones. Este fallo de juventud no se lo perdonará jamás, le torturará y le producirá un desconsuelo que le perseguirá siempre. Cuando recuerdo la cita de San Mateo de la Biblia, lo hago pensando en esa casi permanente inconsciencia que envuelve nuestro vivir, en ese adormecimiento, aparentemente inocente, que no nos permite estar presentes, con todo nuestro potencial, ni en los momentos en que más lo necesitamos. Lord Jim también es un libro que habla del valor, mejor dicho de la mitificación de la valentía, y de los tortuosos entresijos que en ocasiones también tiene la ética.

En Lord Jim, Joseph Conrad, un autor natural de Ucrania que aprendió el inglés a los 20 años, hace un depurado ejercicio de estilismo narrativo, a la vez que analiza aspectos paradójicos del alma humana. He leído una esplendida traducción, a cargo de Verónica Canales, pero envidio a los que podéis leer el libro en la versión original, la inglesa.
Aquí os dejo algunos fragmentos con enjundia, porque, como es lógico, no os desvelaré el desenlace:

lordjim4«resulta extraordinario como vamos por la vida con los ojos entrecerrados, los oídos ensordecidos y el pensamiento adormecido. Quizá no tenga nada malo y bien puede ser que esto haga que la vida resulte soportable y bienvenida para la incalculable mayoría.
No obstante, serán pocos los que, entre nosotros, jamás hayan experimentado uno de esos extraños momentos de iluminación en los que se ve, se oye, se entiende tanto…
todo en un destello… antes de volver a caer en nuestra voluntaria somnolencia». (p.160).

«¿Que sino haría posible que, mediante su padecimiento interior, se conociera a si mismo?». (p.234).

Cuando Jim era respetado, tenía amor y era adorado por los habitantes de la isla de Patusán «vivia encarcelado en la mismísima libertad que le confería su poder» (p. 302)

No leí Lord Jim en la adolescencia, tampoco en la juventud, lo he hecho en la madurez; de lo contrario, seguramente, la visión hubiera sido muy diferente. En todo caso, este es un libro, que, como los buenos clásicos, permite muchas lecturas.

Os animo a que hagáis la vuestra y después la comentemos.

bonany5

 

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