Viaje a Marruecos

viatges71Marruecos es un destino cercano, exótico, un festival para todos los sentidos; son tantos los estímulos que es difícil organizarlos.
Nosotros elegimos visitar Marrakech en pleno invierno, lo que nos permitió impregnarnos de sol, cielo azul, y el majestuoso Atlas nevado al fondo.
Sorprende la amabilidad de sus gentes, y aunque a veces puedan parecer un poco pesados, entienden un “No” y sonríen. Cuantos más días pasas, más ahondas en sus corazones, y aunque parezca que con el regateo te estén timando, es su forma de vender; difícilmente se enfadan y te ayudan cuando pueden. Para disfrutar de los encantos de la vida marroquí, nada mejor que alojarse en un riad (1).

viatges72Pasear por Gueliz mezcla las gentes modernas con las tradicionales, las grandes tiendas con los pequeños comercios. Cae el sol, y por Mohamed V, coches, motos, bicicletas, calesas y burros se dirigen a la “Place Djemaa el Fna”. En el cielo empiezan a brillar las primeras estrellas y la plaza echa un pulso a sus gentes. A lo lejos, una gran masa oscura y un fondo blanco de luces incandescentes. Te vas acercando y sin darte cuenta ya estás atrapado. Puestos de comidas de los más diversos tipos, zumos de frutas, bailes africanos, contadores de historias, músicos ambulantes. El latir de una ciudad, en un único lugar, su majestuosa plaza. No te puedes marchar sin cenar en uno de esos puestos de comida, recién hecha, sabrosa y abundante. Puestos llenos de carnes, verduras, cocineros envueltos en el humo de sus platos, camareros que no descansan, otros que te invitan a sentarte. “Español, amigo, barato, mejor que Ferran Adrià”.

Si en invierno pasear por los Jardins Majorelle es un respiro indescriptible, imaginamos que bajo el tórrido sol de verano, nada es más recomendable. Un oasis en plena ciudad, un lugar místico y con fuerza espiritual, exótico, con pabellones pintados de colores intensos, bambúes, nenúfares que encantan, cactus caprichosos; todo trabajado con un gusto sin igual, ya Yves Saint Laurent lo definió como su fuente de inspiración.

Fotos: Blanca i Jose / Música: Klaus Doldinger’s Passport / Àlbum: To Morocco / Cançó: Zidane

Entrar en la medina, parte amurallada y más antigua de la ciudad, por “Bab Doukala” te permite mezclarte entre sus gentes con grata escasez de turistas, acercarte al zoco (bazar o mercadillo de callejuelas laberínticas donde los  artesanos venden sus productos),  contactar con lugareños, oler, ver, tocar…, esos colores, tantas cosas en tan poco espacio.

De la plaza de las especias, delicadamente ordenadas por colores, será difícil marchar sin adquirir algunas de ellas.

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Por la puerta noreste de la ciudad se llega a Bab Debbagh para visitar el zoco de los curtidores; donde te ofrecen una ramita de menta, para poder enmascarar el desagradable olor, y una breve explicación del proceso del curtido de pieles (2), a cambio de unas monedas. En ello trabajan los bereberes, en muy duras condiciones.

Durante la mañana, en la plaza Djemaa el Fna los bailes y puestos de comidas dan paso a encantadores de serpientes, sacamuelas, aguadores y propietarios de monos en busca de alguna moneda a cambio de una foto. Todo un espectáculo, completamente distinto al de la noche.

viatges73Ibn Yarsef es una mezquita almorávide del s. XII, con su alminar de 40 metros, donde vemos como cientos de musulmanes se descalzan, entran y ofrecen sus rezos a Alá.

El Museo de Marrakech es un precioso palacete del s. XIX,  con un impresionante patio central del que cuelga una majestuosa lámpara de cobre. Azulejos de mil colores, puertas pacientemente talladas, y un pequeño estanque. Podemos adentrarnos en las diferentes salas del hamman, calientes, frías y de descanso, viajando en el tiempo a esas costumbres tan lejanas a nosotros.

Kuba el baadyn, en un aparente estado de deficiente conservación nos permite entender cómo recogían el agua de los acuíferos provenientes del Atlas, cómo la guardaban en las cisternas, y abastecían a los edificios cercanos.

En la medersa Ben Youseef, antigua escuela coránica del s. XIV, con su espectacular patio de mármol, y estanque central finamente decorado, desde donde nos miran las ventanas de los 132 estudiantes que albergaba, se puede imaginar cómo se recitaba el Corán en su interior, con una acústica estremecedora.

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Palacio El Badi, se encuentra en la parte sur de la medina, en la kasba (3), fue una de las joyas arquitectónicas y de arte decorativo más importante del mundo musulmán del siglo XVI. Construido por el rey saadí Ahmerd el-Mansour, pero que a su muerte, el envidioso de tanta belleza Moulay Ismaïl, lo mandó destruir utilizando los materiales para construir su palacio en la Ciudad Imperial de Meknes. Hoy sólo queda el esqueleto de aquel lugar que albergó a embajadores de todo el mundo cuando eran invitados a la ciudad. Muros inmensos que a duras penas soportan techos que se derrumban, y que a tal estructura únicamente dan vida gran cantidad de cigüeñas, que al igual que nosotros, han abandonado la península en busca de mejor tiempo.
Justo al lado del palacio, se encuentra la plaza de Ferblantiers, donde sentados en sus terrazas degustando ese magnífico té, nos encantamos observando a los hojalateros, perfilando farolillos con cristales de colores.

viatges74Las Tumbas saadíes, de la dinastía bereber de los siglos XVI y XVII, nos muestran el primer mausoleo con decoración epigráfica que cita invocaciones a Dios o el difunto. Decoración en estuco, madera pintada y dorada, doce columnas de mármol blanco que sostienen una bella cúpula; conjunto que recuerda a la Alhambra de Granada.

Los Jardín de Menara, de construcción almohade con olivos y palmeras, gran lago y pequeño pabellón, son el lugar en el que familias, grupos de jóvenes y  niños, pasan la tarde de domingo.

Essauira

Tras 2-3 horas de viaje en autobús se puede llegar a Essauira, ciudad amurallada, que al visitarla te transporta siglos atrás cuando éste era el importante puerto comercial de Tombuctú. Cielo azul, ambiente marinero y el frescor del océano.
Pequeños pesqueros se acercan al puerto a vender sus capturas, pescados que yacen en el suelo a la espera de ser comprados, rodeados de moscas y curiosos como nosotros.
Cerca de la lonja una veintena de puestos muestran sus pescados frescos, que te cobran al peso, cocinan y sirven allí mismo. ¡¡Exquisitos!!

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Un paseo por el zoco, alejándose de la calle principal llena de turistas, te adentra en los pequeños talleres de artesanos, puertas cerradas y edificios que van perdiendo estructura hasta casi caerse, llegando finalmente al barrio judío, totalmente derruido y abandonado.
La escalera de la kasba te acerca a la parte superior de las murallas con unas estupendas vistas del Atlántico,  donde la puesta de sol cautiva a turistas y lugareños.

viatges75Ouarzarzate

Cruzar el Atlas es como pintar un cuadro  con una paleta a la que no le falta ningún color, el blanco de la nieve, el ocre y amarillo de las espigas segadas, el verde de los árboles, el rojizo y marrón de la tierra, el azul grisáceo de los pastos, el sol, la lluvia, las nubes, esos pueblos de adobe que difícilmente se distinguen del lugar en el que se encuentran.
De camino, visitamos la Kasba de Ait Benaddou, la más espectacular de todo Marruecos, donde actualmente habita población bereber.
Ouarzarzate es una ciudad resguardada por el Alto Atlas, el Anti Atlas y el Jebel Sagro; ciudad moderna y agradable, muy visitada por sus estudios de cine donde se siguen filmando películas de época y empleando a muchos de sus habitantes. Es interesante la visita a la Kasba de Taourit, construida en el siglo XVIII como parada en la ruta de oro entre Marrakech-Tombuctú. Es una de las kasbas más bonitas de Marruecos, que por su importancia, arquitectura y decoración se ha clasificado como monumento histórico. Fue la residencia más grande del Glaoui “Pachá de Marrakech”, de las que se pueden visitar diferentes estancias, como la de los esclavos, las concubinas, y en el tercer piso la estancia del Pachá con su favorita, decorada con hermosos mosaicos y techos de madera de cedro, con imponentes vistas a la ciudad. Asombrosamente algunos de sus edificios todavía están habitados por familias.

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viatges7stopAnexos:

(1) Riad: En árabe designa el edén, un jardín, y por extensión se aplica a una casa cuyas habitaciones se retribuyen en torno a un patio interior, a menudo el piso cubierto con mosaicos, en cuyo centro destaca una fuente rodeada por un jardín geométrico, donde abundan plantas aromáticas y ornamentales.

(2) Curtido del cuero: 10 días en cal, 10 días en excrementos de paloma, se rasca con una cuchilla para eliminar la grasa y se deja secar.

(3) Kasba: zona alta de la medina amurallada, donde se refugiaba la población de posibles asedios.

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