Viatge a l’Antàrtida

Un viaje que nunca imaginamos, y que no tuvimos tiempo de preparar, se convirtió en una gran aventura. Un anuncio, una ilusión y un sueño hecho realidad.  En diciembre embarcábamos desde Ushuaia destino a LA ANTÁRTIDA en un barco de tripulación argentina, pasaje peculiar y variopinto compuesto por 38 personas de 12 nacionalidades distintas.

Iniciamos la travesía navegando plácidamente por el Canal Beagle, asistimos a conferencias y charlas impartidas por biólogos que nos acercaron al continente antártico, su fauna, su geología, sus expediciones y sus normas: cruzar el Pasaje Drake, Tratado Antártico, pingüinos, ballenas, focas, leones y elefantes marinos, petreles, albatros y una gran aventura por delante.

Los seis españoles nos encontramos rápidamente, compartimos las tertulias más largas, y desde entonces nos une una amistad algo especial. Tal y como nos advirtieron, antes del amanecer entraríamos en el Pasaje Drake, con vientos furiosos y mar embravecido; todo lo que no quisiéramos que se cayera debíamos dejarlo en el suelo, los armarios abrirían sus puertas y saltarían los cajones. Dormir era imposible, levantarse un suplicio y vestirse una auténtica odisea. Pocos fuimos los que aterrizamos  en el comedor ese día cuando las píldoras para el mareo ya se habían terminado. Al día siguiente llegamos al océano antártico, donde la navegación volvía a la normalidad.

Fotos: Blanca i Jose / Música: Gale Revilla/ Àlbum: Antartica / Cançó: Crystal Storms (iTunes)

El primer iceberg consiguió dejarnos casi sin respiración. Miles de años habían pasado desde que esa inmensa masa de hielo se formara, y ahora flotaba ante nuestros ojos, con ese color azulado de hielo milenario sin burbujas, transportando por la inmensidad del océano a una colonia de simpáticos pingüinos que se deslizaban por el hielo y se dejaban caer en plancha, mientras una foca leopardo esperaba silenciosa elegir bocado.

Los días pasaban entre desembarcos con lanchas neumáticas, los deliciosos menús que Rubén nos preparaba, las sobremesas y nuestra estancia en el puente de mando, donde animadas tertulias con la tripulación y parte del pasaje hacían perder la noción del tiempo.

Llegamos a Isla Elefante y nos preparamos para nuestro primer desembarco, un paseo por Cabo Wild, lugar donde veinte hombres pasaron cinco meses a la espera de ser rescatados en la expedición de Shackleton de 1914. El gélido viento no consiguió distraernos del espectáculo que estábamos presenciando; a una ínfima distancia de nuestra neumática una foca leopardo atrapaba un pingüino, lo despellejaba, se lo zampaba, y un petrel gigante se acercaba a rematar la faena.

Punta Lookout fue nuestro primer contacto terrestre en la costa antártica, allí nos mezclamos entre los pingüinos que estaban anidando, disfrutamos de sus rituales de cortejo, nos acercamos a elefantes marinos que descansaban sobre las piedras, y apreciamos la presencia de escúas buscando la oportunidad de robar un huevo a algún pingüino distraído.

Visitamos la argentina Base Jubany en Caleta Potter, donde quince hombres pasan un año entero, acompañados durante el verano austral de los científicos que llegan a realizar sus estudios. El jefe de la base fue nuestro guía, y el personal nos explicó sus impresiones de lo que significaba pasar un año allí, mientras nos ofrecían un cafetito y unas pastas en una cálida acogida.

El rumbo se iba decidiendo según las condiciones del viento y el hielo marino, corrigiéndolo continuamente para evitar colisiones.

Descendimos en varios puntos de las islas Shetland del Sur y de la península antártica, cuál de ellos más increíble, único, y auténtico.  El silencio de la inmensidad envuelto por el crujir de los hielos, el soplo del viento y el susurro de los animales; quizás el último santuario de la naturaleza sin alterar, y esperemos que por mucho tiempo. Algo realmente mágico.

Llegó el momento de regresar, vuelta al Pasaje Drake, cruzar el Cabo de Hornos, Canal Beagle y llegada a Ushuaia. Detrás quedaban experiencias, recuerdos y emociones, que difícilmente podremos olvidar.

Fueron tantas las historias vividas por aquellas latitudes, que sería imposible sintetizarlas en un pequeño artículo. Marta escribió el libro “Donde nacen los sueños” acerca del viaje, galardonado con el III Premio Internacional de Literatura de Viajes Ciudad de Benicàssim, y que se menciona en la sección de Letras de Toies.

Agradecimientos

 

No podríamos terminar el artículo sin agradecer a toda la tripulación del Ushuaia, pero en especial al capitán Jorge, al “capi de hielo” Juan Carlos, a los oficiales Carlos y Sergio, al cadete Juan,  al cocinero Rubén, a la camarera Maia, a Marta y Alison de Staff; y como no al pasaje en general y en particular a Alfredo, Gloria, Marta y Roser, que junto a nosotros formaban parte de la colonia española; a Jack, Pepe y Stella, con quien compartimos unos momentos increíbles y con algunos de ellos todavía mantenemos contacto.

bij

.

.

.

<<< Veure més articles de viatges…


toiesmesarticles

peu2

Anuncis