Viatge a Montenegro

Montenegro, conocida como “la perla del Adriático” por su situación geográfica, proclamó su independencia en el año 2006, y desde entonces no ha dejado de prosperar, empujada por un rápido desarrollo turístico costero, llevado a cabo por inversores extranjeros.
Iniciamos nuestra visita al país desde la frontera de Croacia. Tras un riguroso control aduanero y su correspondiente tasa ecológica, la carretera se torna estrecha y curiosa, con obreros trabajando a “pico y pala”; de hecho, Montenegro es uno de los países más pobres de Europa.

Bordeamos la Bahía de Kotor, una bellísima entrada de mar entre altas montañas, hasta llegar a Stoliv, donde el tiempo parece haberse detenido y los turistas están por llegar. Un baño coincidiendo con la caída del sol, un pescado a la parrilla a orillas de un mar sereno, dejan paso a la oscuridad de la noche abrazada por una estupenda luna reflejada en el mar.

Al fondo de la bahía está Kotor, la “Albania veneciana”, un enclave medieval declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, que ha sabido proyectar su riqueza histórica y monumental como una de las ciudades más bellas del mundo.

Continuando hacia el sur, llegamos a Budva, uno de los asentamientos más antiguos del litoral adriático, con estrechas y pintorescas callejuelas,  llenas de restaurantes y tiendas de puñeterías. Los montenegrinos, conocen esta ciudad como la discoteca al aire libre más grande del mundo, con una temporada playera que se extiende de Mayo a mediados de Noviembre.

Sveti Stefan, es uno de los lugares con más encanto del país, un pintoresco islote amurallado, que alberga una pequeña población flanqueada de playas de arena blanca y aguas cristalinas, a la que se accede tras un largo paseo entre bosques de robles y pinos. Lamentablemente, la isla ha sido adquirida por un grupo hotelero de Singapur que la ha cerrado a cal y canto para uso privado.

Fotos: Blanca i Jose / Música: Crna Gora Ensemble / Cançó: Crnogorac Sa Planine

Antes de finalizar la costa, el calor nos desplazó hacia el interior. Cruzando Podgorica, la capital sin más, nos dirigimos a través de un angosto recorrido hacia el norte, en busca del frescor y el paisaje de montaña.

Parque Nacional Durmitor, es un área natural montañosa de gran belleza, moldeada por glaciares, por donde se abre paso el cañón del río Tara, considerado el más grande del mundo después del  cañón del Colorado.
Pudimos disfrutar de unos días estupendos de sol, cielo azul y largos paseos por el lago Crno Jezzera, entre senderos rodeados de álamos y densos bosques de coníferas, donde el silencio únicamente se resquebraja por el cantar de los pájaros y el croar de las ranas.

Zabljak es el centro turístico del Parque, con algún pequeño hotel, apartamento, supermercado y camping, en un tranquilo y relajado entorno.

Abandonamos el país en dirección a Bosnia-Herzegovina, cruzando una estrecha carretera de montaña que se abre paso a través de interminables prados e increíbles valles.

La visita al país te permite disfrutar de la belleza de su entorno. Los montenegrinos ofrecen una imagen un tanto especial, mezcla de indiferencia y curiosidad, quizás por el hecho de compartir una región geopolítica con países y grupos étnicos enfrentados históricamente en un pasado demasiado reciente.

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