Las Bardenas Reales

A menudo imaginamos que para llegar a lugares únicos y especiales nos tenemos que desplazar muy lejos, pero no es así, cerca de nuestros hogares hay miles de rincones inexplorados, que vale la pena entretenerse en descubrir.

Las Bardenas Reales es uno de ellos. Un lugar único, enigmático, solitario, donde es posible olvidarse de la civilización, descansar  y meditar. Situado entre el Moncayo y los Pirineos navarros.

Hace 38 millones de años cuando se formó la depresión del Ebro con materiales del Terciario y Cuaternario, en este lugar se acumularon sedimentos de arcillas, margas, calizas, yesos y arenas, que con el paso de los siglos, la erosión del agua junto a las embestidas eólicas del cierzo, se han ido moldeando caprichosas formas, destacando barrancos, cabezos y chimeneas.

El cultivo de cereales, las cabañas de los pastores con sus rebaños de ovejas, cañadas reales, coscojares, pinares, espartales y romerales conforman ese paisaje silencioso, donde el tiempo parece haberse detenido.

Fotos: Blanca i Jose / Música: Michael Erni / Cançó: Jota de Francisco Tárrega

Alondras, alimoches, águilas, buitres, milanos y águilas revolotean en busca de ratones, lagartos, culebras, perdices, codornices, conejos y palomas, eslizón ibérico (endémico) y cría de víbora hocicuda, que dan vida a un lugar tan caprichoso como solitario.

Cada 29 de septiembre tiene lugar la “Sanmiguelada”,  donde miles de ovejas acompañadas de sus pastores caminan durante varios días desde los fríos valles pirenaicos de Roncal y Salazar, hasta los pastos bardeneros de los que se alimentarán durante el otoño e invierno. Ritual que forma parte de un ciclo transhumante  que se repite anualmente desde la Edad Media.

Paseos a pie, en bicicleta, o en coche permiten disfrutar de las diferentes zonas del Parque, como:  El Plano, meseta horizontal protegida donde la erosión es insignificante, La Blanca, formada por materiales de naturaleza blanda sin alternancia de estratos duros, configurando barrancos y fuertes pendientes, y La Negra, con zonas fuertemente desgastadas, lejos de la sufrida depresión central.

En la parte norte del Parque Natural se encuentra la Laguna de Pitillas, un humedal endorreico, de situación estratégica, que alberga cientos de aves migratorias, recorridos señalizados y lugares de observación e interpretación de éstas.

En la población de Carcastillo, destaca el Monasterio de Oliva, uno de los mejores ejemplos de la arquitectura cisterciense, que gozó de máximo esplendor durante los siglos XII y XIII, hasta su desvalijamiento durante la guerra de la Independencia. En 1927 reanudó la vida monástica, existiendo actualmente una comunidad cisterciense que ha habilitado una hospedería, comercializa productos artesanos y realiza actos religiosos.
La práctica inexistencia de población en los alrededores, y de contaminación lumínica, te permite disfrutar de un cielo estrellado en el que tuvimos ocasión de identificar varias constelaciones: Osa Mayor, Osa Menor, Cinturón de Orión, Casiopea y nuestra guía, la Estrella Polar.

Desgraciadamente, el contrapunto a tan enigmático lugar es el Campo de aviación utilizado por la OTAN para sus prácticas de tiro, en todo el centro  del parque. Fines de semana y festivos no hay actividad militar, y es entonces cuando se recomienda visitar la zona. Deseamos que desaparezca cuanto antes mejor, e integrar ese espacio al Parque Natural.

Para visitar la zona es imprescindible disponer de un mapa detallado de caminos, ya que la señalización es entre nula y escasa; llevar agua y comida, pues no hay ningún tipo de servicio. Incluso, para evitar el acceso al público a muchas de las zonas, el mapa que edita el propio parque es incompleto. Nosotros utilizamos el mapa vasco, que hay que adquirir antes de llegar a la zona.  Si llueve, o amenazan lluvias, se aconseja no adentrarse en el Parque, por el peligro de quedarse atascado en el barro.

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