Lisboa

Ciudad europea, antigua capital del imperio colonial, de color dorado, mezcla de oro y ocre, con bellos azulejos en algunas de sus fachadas art-déco, envuelta por ese aroma a café, su delicioso bacalao, la melodía del fado, versos de Pessoa, Saramago o Queiroz, y abierta al  Océano Atlántico por el río Tajo. Lisboa, no podía ser otra, ciudad con encanto, asequible al viajero (no más de un millón de habitantes), cuyas imágenes quedan atrapadas en la memoria, invitándote a volver una y otra vez.

Arropada por siete colinas, con un rico estuario piscícola,  sus fértiles valles y la salida al mar, hicieron de Lisboa una ciudad estratégica para el intercambio comercial.

El 1 de Noviembre de 1755 la tierra tembló, ocasionando la mayor catástrofe de la ciudad, el gran terremoto. Tras él, surgió una ciudad impregnada de orgullo en cada piedra, renaciendo su arquitectura y proyectos urbanísticos que perduran majestuosos.

El olor añejo de algunas de sus fachadas y calles empedradas, surcadas por antiguos tranvías, cuestas empinadas salvadas por funiculares, restaurantes decimonónicos donde degustar cualquiera de los 365 deliciosos platos de bacalao, dan rienda suelta a la melancolía y la ensoñación.

Fotos: Blanca i Jose / Música: Rodrigo Leão & Ana Carolina / Cançó: Vida Tão Estranha

Localizada en el enclave más estratégico del Atlántico, cuna de navegantes durante el siglo XV y fondeadero de abrigo de naves de paso, cuando lanzarse a la mar era una gran odisea –con alguna carta de navegación secreta de misteriosa procedencia y sin poder calcular la longitud-. De entre ellos, Vasco de Gama, primera persona en navegar directamente desde Europa a la India, erigiéndose en honor de dicho viaje el Monasterio de los Jerónimos de Belém; Pedro Álvares Cabral, considerado como el descubridor de Brasil; Fernando de Magallanes, primer europeo en pasar del Océano Atlántico al Pacífico por el estrecho que ahora lleva su nombre e iniciar la expedición que a su muerte capitaneó Juan Sebastián Elcano, logrando la primera circunnavegación de la tierra; y Bartolomé Díaz, primer explorador europeo en llegar al extremo sur de África.

En el barrio de Belém, bañado por la antigua playa de Restelo, se erigen los monumentos que reflejan la era de las exploraciones portuguesas. Monasterio de los Jerónimos, construido sobre la Ermita do Restelo, donde Vasco de Gama pasó la última noche antes de partir a las Indias, de estilo manuelino -mezcla de motivos arquitectónicos y decorativos del gótico tardío y renacimiento-, donde destaca por su belleza el portal principal y lateral, el interior de la iglesia y el magnífico claustro;  la Torre de Belém, también de estilo manuelino y el Monumento a los Descubrimientos.  Sin abandonar el barrio, una visita a la Antigua Pastelería de Belém, donde desde 1837 se elaboran los deliciosos pasteles de Belém según la antigua receta monacal, que generación tras generación, se ha ido trabajando artesanalmente en la “oficina del secreto”.

Podemos admirar espléndidos  azulejos en la famosa, y ya turística, Cervejaria da Trindade, la más antigua de Lisboa,  erigida en un antiguo monasterio.

Un paseo por el barrio más antiguo y popular, la Alfama, te traslada a la época árabe que vivió la ciudad, durante los siglos VIII a XII, donde se pueden encontrar patios con flores, ropa tendida, cuestas, escaleras, antiguas y curiosas tiendas.

Es un placer pasear por sus calles, disfrutar de sus plazas, saborear su gastronomía, degustar el licor de Ginjinha  y elevarse a cada una de las siete colinas, donde estupendos miradores ofrecen unas vistas panorámicas de la ciudad. De entre ellos, destacamos el elevador de Santa Justa, al oeste de Plaza Comercio, como ejemplo de arquitectura post-Eiffel, y con una bella panorámica del Rossio y La Baixa, zona comercial donde músicos y artistas le confieren ese arte bohemio; y el Castillo de San Jorge, uno de los puntos más elevados.

Uno de los lugares donde disfrutar de los  azulejos es la famosa, y ya turística, Cervejaria da Trindade, la más antigua de Lisboa erigida en un antiguo monasterio.

El 25 de Abril de 1974, en Lisboa se vivió la Revolución de los Claveles, levantamiento militar pacífico que provocó la caída de la dictadura salazarista dominante desde 1926, la más longeva de Europa, permitiendo la independencia de las últimas colonias portuguesas y que Portugal se convirtiese en un estado de derecho liberal.

De arquitectura contemporánea y centro de actividades culturales, encontramos el Parque de las Naciones, en la zona oriental de la ciudad, erigido para la Exposición Mundial de 1998, donde destacan la “Estación de Oriente” de Santiago Calatrava, el “Pabellón de Portugal” de  Álvaro Siza, la Torre y el Puente “Vasco de Gama”, siendo éste último el más largo de Europa en su día (17,2 Km), con una luz de 420 metros entre dos de sus pilares.

Y si nuestra visita a la ciudad es de más de tres días, no hay que perderse lugares tan cercanos como Estoril, considerado el Montecarlo portugués, de ambiente elegante y cosmopolita, cuyo paseo por la playa te acerca a Cascais, con casitas llenas de encanto y elementos que reflejan su pasada historia; Setúbal, ciudad medieval con importantes monumentos y edificios de interés histórico-artístico, junto al estuario del Sado; y Sintra, declarada patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995, donde no hay que dejar de visitar su impresionante Palacio da Pena.

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