Oporto

No hay nada mejor que empezar el año con una primera escapada. En esta ocasión buscamos una ciudad pequeña donde poder satisfacer el máximo de nuestros sentidos, y elegimos Oporto. Ciudad situada en la zona norte de Portugal y en el extremo oeste de la Península Ibérica, lo que nos permitía disfrutar de alguna hora más de luz durante la tarde de los cortos días de invierno. La suavidad y música de su lengua todo un regalo para nuestros oídos. Los azulejos de tantas fachadas, reflejan el paso del tiempo, y alegran la vista. Sus caldos, los famosos vinos de Oporto, que junto a los platos de bacalao, los tripeiros, la francesinha, y los dulces, un placer para el paladar. El perfume marino que desprende el océano al recibir las pacíficas aguas del río Duero.

Para quien disponga de mucho tiempo, en la ciudad hay múltiples lugares que visitar: iglesias, museos, parques, exposiciones, espectáculos… No hay tiempo para aburrirse. Si únicamente se trata de una pequeña escapada y se decide disfrutar de la ciudad sin más, hay que dar un paseo por La Ribeira, auténtico centro histórico de la ciudad, clasificado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad; tomar uno de esos antiguos tranvías, verdaderos museos vivos capaces de transportarte en el tiempo, para recorrer la ciudad, y llegar a Foz, la desembocadura, un lugar mágico, donde conjugan las fuerzas de la naturaleza; perderse caminando por las empinadas y tortuosas calles de la zona de Clérigos, Caldereiros, Lóios, Baixa, y detenerse en el “Café Majestic”, abierto en 1921 en plena “belle époque”, frecuentado por intelectuales y artistas, que ha recuperado actualmente su esplendor.

Fotos: Blanca i Jose / Música: Dulce Pontes / Tema: Fado-Mãe

Esplendorosos puentes  entre los que cabe destacar,  el de Doña María Pla, y el de Don Luis I, sin desmerecer para nada la majestuosa ejecución de los restantes. El primero de ellos, fue  proyectado por el ingeniero Gustave Eiffel, que junto con la famosa torre Parisina o la estructura de la estatua de la libertad en Nueva York, constituyen sus obras más emblemáticas; él mismo comentaría que “esta obra está construida en el límite de las posibilidades clásicas de la construcción metálica” (1877).

El puente de Luis I (1886), es de uso obligado para acercarse a La Gaia, en el margen izquierdo del Duero, donde se encuentran las más de 40 bodegas en las que se procesa y envejece el vino de Oporto, que sin duda es el mejor embajador de la ciudad en el Mundo. Frente a ellas, puedes contemplar los rabelos, ingeniosos barcos de ribera equipados con una vela cuadrada y un largo timón, construidos  para transportar las “pipas de vino”, o cubas,  desde los campos de cultivo situados río arriba en zonas de difícil acceso. Estuvieron en servicio durante más de un siglo y hoy en día su uso es meramente lúdico y recreativo. El 24 de junio durante las animadas fiestas de la ciudad celebran una colorista regata.

En cuanto a visitas culturales, la que nos resultaron más interesantes fueron: la Librería Lello, considerada la “más bella del mundo” (Enrique Vila-Matas), que quita la respiración al que se atreve a cruzar su puerta, de fachada neogótica, impresionante balaustrada, ojivas entrelazadas, increíble escalinata roja, gran vitral en el techo, y cientos de libros perfectamente clasificados, ¡hay tanto para ver, que no sabes dónde mirar!; “Sé Catedral”, el edificio más antiguo de la ciudad, con un impresionante claustro gótico e increíbles azulejos; la iglesia del Carmen, barroca-rococó; y la subida a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la más alta de Portugal.

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