Bòsnia i Hercegovina

Nuestra visita a Bosnia no fue planeada, andábamos visitando Montenegro, y tras cruzar el P.N. Durmitor con sus preciosas vistas, en vez de regresar hacia la costa, decidimos continuar por el impresionante cañón del río Piva, que se acaba juntando con el del bosnio río Tara.  Llegamos a la parte occidental de los Balcanes, a un terreno montañoso, cruzado por los Alpes Dináricos, y con una superficie forestal que ocupa la mitad de su territorio.

Las carreteras por las que entramos en Bosnia eran estrechas y descuidadas, haciendo que la conducción fuera pesada, pero rodeadas de un increíble paisaje exuberante; eso sí, atención a salirse de la ruta, pues las minas antipersona siguen estando sembradas por buena parte del territorio.

Nuestra primera sorpresa fue una señal de tráfico, que indicaba una dirección al contrario de la orientación que nos parecía según el mapa. ¡Efectivamente, nos dijo un bosnio, hay algunas señales de tráfico que indican la dirección contraria! Detalle que consideramos como una muestra antisistema.

Tras varios kilómetros entre bosques, pastos y naturaleza llegamos a Sarajevo, la entrada por la periferia de la ciudad nos resultó estremecedora, tranvías llenos de gente, muchos mendigos por los semáforos, restos de edificios totalmente derruidos… Llegamos al centro de la ciudad, y fuimos directamente hacia el “Hotel Sarajevo”, instalado en una pequeña colina, desde donde se observaba y retransmitía de forma atónita e impasible los dramáticos acontecimientos que tuvieron lugar, y donde actualmente se sigue alojando el personal de las diferentes Organizaciones que colaboran en los distintos proyectos de desarrollo.

Transitando por la Old City, la parte antigua de la ciudad donde paso a paso vas sintiendo el peso de la historia, puedes disfrutar de las tertulias en pequeños cafés, endulzados con ricos pastelitos, mientras visitas los edificios históricos. Bascarsija, fuente iniciada en 1462 que se mantiene como símbolo del Sarajevo otomano; Brusa-Bezrstan, de 1551, antiguo mercado de seda y pequeños muebles, donde actualmente se halla el museo de Sarajevo; el City Hall, un precioso ejemplo de edificio pseudomorisco en reconstrucción, que desde la Segunda Guerra Mundial y hasta 1992 albergó la Librería Nacional, fecha en que fue incendiada por los serbios, perdiendo el 90% de sus libros; mezquita Gazi Husrev Bey, la más importante; catedral neogótica de 1889; puente latino del siglo XVI donde fue asesinado el sucesor del trono astro-húngaro, hecho que justificó el inicio de la Primera Guerra Mundial; y el cementerio Alifakorac, uno de los cementerios musulmanes más viejos y bellos de la ciudad. En el restaurante “Inat Kuca” junto al margen izquierdo del río se pueden degustar sabrosos platos típicos, en un ambiente selecto.

Sus gentes transitan por las calles, con una alegría entristecida. El horror de la guerra todavía sigue presente, aunque sus ciudadanos intentan pasar página.

Fotos: Blanca i Jose / Grup: Mızıkçı Melodiler Grubu / Tema: Hey Onbeşli

Siguiendo por la rivera del río Neretva, atravesando impresionantes cañones, llegamos a Mostar, y ante nuestros ojos aparece otra de las imágenes tan conocidas en todo el mundo, el puente de Mostar (Stari Most), que desde el siglo XVI se consideró el reflejo de la sociedad multiétnica de Bosnia, hasta que en noviembre de 1993, fue destruido, convirtiéndose en el símbolo del conflicto entre bosnios, musulmanes,  serbios y croatas, durante la guerra fratricida que tuvo lugar entre 1992 y 1995.

Actualmente la ciudad se está volcando al turismo, por su proximidad a la turística Dubrovnik, y su buena comunicación por carretera. Contrasta la presencia de tiendas de moda internacionales, junto a restos de edificios bombardeados.

Sus gentes, muy amables, y de muy diversas religiones intentan vivir en paz, sin ocultar su pasado reciente, ni su opinión acerca del conflicto y el futuro de su país.

Su visita se centra en las callejuelas alrededor del puente, paseos por el río, desde donde puedes ver a alguno de los saltadores de la Asociación, que únicamente saltan cuando se llena el bote; y la visita a una de las antiguas casas turcas del período otomano, perfectamente conservadas.

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