Groenlàndia (1)

Kalaallit Nunaat (Groènlandia)

Salimos de Barcelona un caluroso día de verano, con botas de montaña y anorak en mano. Regresábamos a los hielos, en esta ocasión al Ártico, a la tierra verde –Groenlandia-, descubierta en el año 982 por el vikingo Erik el Rojo, exiliado islandés. Tres años más tarde se estableció la primera colonia europea al sudoeste de la isla. Quinientos años antes de la llegada de Colón al continente americano, éste había sido colonizado en su parte más oriental.

La elección del viaje fue muy meditada, y una vez finalizado tomamos conciencia de haber dado en el clavo. Fueron quince días de trekking por el sur de Groenlandia, lugares insólitos, inhabitados, con paisajes espectaculares; navegando por fiordos entre icebergs, auroras boreales, desconectados completamente del mundo, sin luz eléctrica ni agua corriente; compartiendo risas e inolvidables momentos, escuchando todas las noches una historia o cuento inuk, antes de ir a dormir.

Contamos con un tiempo espectacular, atípico según nos decían, un pequeño grupo, colaborador, de espíritu positivo, siempre dispuesto a mostrar lo mejor de sí mismos,  y el increíble conocimiento de uno de los antropólogos inuit más reconocidos, Francesc Bailon, que durante nuestra estancia en el país nos contagió su pasión y entusiasmo, enseñó “in situ” los entresijos de la cultura inuit, grabando una imborrable huella en nuestros corazones.

La llegada sobrevolando el glaciar Kiagtutt, fue el aperitivo de lo que nos deparaba el viaje. En ese momento nos asaltó el recuerdo de la definición que da Francesc en su libro Los Poetas del Ártico: “paisaje helado y frío que me hacía perder los sentidos, podía ser tan efímero como un suspiro y tan traidor como un espejismo “. Aterrizamos en la pequeña pista de Narsarsuaq, bajo un cielo azul intenso, icebergs como pequeños islotes flotando en el fiordo, brillantes rayos de sol calentando el fresco aire puro; un primer paseo hacia el puerto, nos familiarizó con un país singular, sin carreteras, sin árboles, sin reptiles, sin hormigas, con casas de colores, y con la tranquilidad de encontrarnos en el lugar donde no existe la propiedad privada, las cárceles tienen sus puertas abiertas, y todavía se practica el intercambio de mujeres –o de hombres según éstas-. Nuestra mochila, nuestros documentos y nuestro dinero, nunca habían estado tan lejos de nuestra atención. Allí no era necesario vigilarlos.

El Pututt nos cruza el fiordo y nos acerca a Qassiarsuk, para comprar provisiones (unas cervezas), y visitar las ruinas de Brattahild – primer asentamiento europeo en continente americano-, emplazamiento elegido para empezar a degustar comida local, amenizado por la primera de tantas historias que nos acompañarían a lo largo de todo el viaje. De allí, el primer trekking hacia la granja de Nunataq, una hermosa casita de color azul a los pies del fiordo de Tasiusaq. Nos instalamos, empieza el divertido momento de preparar la cena, posterior degustación, y de regalo una increíble aurora boreal, y otra, y más. Estábamos agotados, llevábamos cerca de 22 horas sin parar, los párpados pesaban, pero el cielo no nos permitía descansar, nos deslumbraba cada vez que decidíamos abandonar.

Al día siguiente, bajo un cielo azul  y sol espectacular,  sintiendo el frescor de la brisa y el canto de los pajarillos , iniciamos el ascenso a través del verde monte, con sus florecillas de colores; saboreando los contrastes, deteniéndonos ante pequeños detalles, a escuchar las entusiasmadas explicaciones ofrecidas por Francesc; hasta que finalmente aparece ante nuestros ojos, el fiordo, el glaciar, los icebergs, y la magia del Inlandis, ese horizonte blanco con apariencia de nubes, y que son los hielos infinitos que ocupan el 83% del territorio. Finalizamos el día con un refrescante y tonificante baño en el fiordo, sintiendo las gélidas aguas en todos los poros de la piel, notando lo pequeño que eres ante tanta inmensidad, y descargando con un grito de alegría la poca adrenalina que quedaba.

De vuelta a Qassiarsuk nos cruzamos con la Maratón del Sur de Groenlandia, unas 20 ó 30 personas, de todas las edades, montaña arriba y en camino pedregoso. Les aplaudimos y animamos hasta que pasó el último, disfrutando de uno de los pocos acontecimientos que tienen lugar en la zona.

Y de allí a “Fletanes”, nombre del campamento situado en el mismo frente glaciar de Qaleragdlit, en el nunatak -zona montañosa que ha emergido tras el retroceso del glaciar-. Un lugar único, solitario, totalmente aislado, rodeado por el hielo, las aguas del fiordo, un pequeño lago, un riachuelo,  y miles de aves alimentándose en las fructíferas aguas. Una explosión de vida en un lugar inhóspito, donde el único sonido es el del viento, el estruendo de los icebergs cayendo al mar, y el griterío de tantas aves, especialmente al amanecer y al anochecer. Las noches son frías y serenas, con un cielo tremendamente negro, iluminado por millones de estrellas, coronas boreales y la visita fugaz de las auroras.  Los días cálidos, luminosos, tranquilos, llenos de sorpresas, recorriendo el glaciar, navegando entre sus icebergs, colocándonos bajo sus hielos, divisando la infinidad del inlandis, de kilómetros y kilómetros de hielo que se pierden en el horizonte azul.

Qaqortoq, la capital del municipio más al sur (Kommune Kujalleq), lugar para disfrutar del contacto con la vida de la ciudad, con sus 3.400 habitantes, su pesca, el supermercado, el cementerio, la iglesia, la escuela; y por la noche acercarnos al único pub de toda Groenlandia, el Arctic Cafe, donde echar un trago con lugareños, unas risas, y presenciar los efectos del alcohol (uno de los principales problemas del país).

Tres días en Tassermiut nos devuelven a la naturaleza, a comer de lo que pescamos, de los boletus recolectados, del agua que buscamos en el río; transportarnos al paraíso ascendiendo monte arriba sobre la tundra mullida, para llegar a la cima y tener ante nuestros ojos uno de los mejores cuadros que la naturaleza ha pintado: picos helados, sobre un lago color turquesa, que por un río bravo rodeado de verde monte, desemboca en las pacíficas y azules intensas aguas del fiordo. Y de regalo un atardecer espectacular, tiñendo las cumbres de un fuego rojizo; ¡¡nunca habíamos visto nada igual!!

KALAALLIT NUNAAT – Información

Kalaallit Nunaat, está situada en el continente americano, es la isla más grande del mundo, a excepción de la isla-continente Australia, con más de 2 millones de kilómetros cuadrados y una superficie libre de hielo de 400.000 Km2. El inlandis o casquete glaciar, ocupa algo más del 83% del territorio, con un espesor máximo de 3.500 metros. Tierra caracterizada por ser una región repleta de glaciares, montañas dentadas y nunataks (islas de tierra en medio de un mar de hielo), que dibujan un paisaje caótico, salvaje e indómito.
En los meses más cálidos 1/7 parte de la superficie queda libre de hielo, dejando paso a una vegetación de musgos y líquenes. Sus aguas litorales se encuentran entre las más productivas del mundo, con más de doscientas especies de peces, crustáceos y moluscos.

Población de Groenlandia

En el 2006 contaba con 56.901 habitantes, repartidos en 125 pueblos o ciudades,
89 % inuit y el 11% daneses u otras nacionalidades.
Unos 12.000 inuit viven en Dinamarca.
Kalaallisut es el idioma principal.
Actualmente todavía pertenecen a Dinamarca, pero han aceptado su independencia, y paso a paso se va avanzando hacia ella.
La fisonomía inuit se caracteriza por sus rasgos mongoloides, largos cabellos negros, piel morena, largas pestañas, cuerpo bajo y robusto.
Los inuit son fieles, honestos, cálidos, luchadores, comprometidos con su familia, la comunidad, el entorno y su país; hablan lo justo, respetando las tradiciones sin rechazar los avances.

Culturas

Hace 4.500 años los pueblos paleosquimales se establecieron en Alaska, en los dos períodos en que el clima ártico fue algo más cálido.
Hace unos 4.000 y 1.000 años respectivamente, se produjeron las migraciones humanas que poblaron el Ártico canadiense y Groenlandia.

La cultura Dorset (800 a.C. -1.400 d.C.) ha dado lugar a los inuit del este de Groenlandia.
La cultura Thule (1.000-1.800 d.C.) es la antecesora moderna de los inuit históricos. Los asentamientos más conocidos del período nórdico son Brattahlid (Qassiarsuk) y Gardar (Igaliku).
La pequeña Era Glacial de hace unos 400 años obligó a los Thule a readaptarse a las nuevas circunstancias, provocando la aparición de los diferentes grupos inuit a lo largo del Ártico.
Ártico se considera a la zona de la tierra que se encuentra alrededor del polo norte, que comprende parte de Siberia, Alaska, norte de Canadá, Groenlandia, Islandia y Laponia.

(continuará)

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